martes, 17 de mayo de 2011

¿Qué hacemos ante…? El niño que tartamudea


¿Qué hacemos ante…? El niño que tartamudea

El caso Alejandro tiene cuatro años. Es muy simpático y abierto pero presenta un problema que, cada vez más, preocupa a padres y maestros. Alejandro tartamudea con demasiada frecuencia.
Los profesores y sus padres suelen interrumpirle y corregirle, presentándole un modelo de lo que debe decir.
Han llegado incluso a hacerle repetir lo que ha dicho. La maestra no se atreve a anticipar lo que va a decir y espera con paciencia. Sin embargo, sabe que sus padres, sin tanta paciencia, se atreven a anticipar lo que Alejandro va a decir.

¿Qué podemos hacer?

¿Hacemos bien con estas actuaciones?
No. Es incluso contraproducente. Ante todo hay que ser pacientes.
Debemos tener en cuenta que Alejandro es incapaz de deshacerse de su trastorno por un simple acto de voluntad.
Tampoco hay que alabar a un tartamudo cuando habla normalmente: es recordarle su trastorno. Nuestra tarea como profesores consiste en formar a su alrededor un clima de confianza y de comprensión permisiva.
Es importante evitar que se produzca o se agrave un sentimiento de inferioridad frente al grupo y habrá que eliminar, por lo menos al principio, situaciones demasiado difíciles (recitar, contestar... delante del grupo), sin darle con esto la impresión de apartarle.
Muchos ejercicios de psicomotricidad y dinámica le serán muy provechosos, así como el canto.
Es importante que Alejandro vea frente a sí una persona relajada que está pendiente de lo que está diciendo y no de cómo lo dice, que acepta mensajes incompletos, gestos de sustitución cuando no sale la palabra, una persona que lo acepte como es.
El educador intentará transmitir esa orientación a la familia, muchas veces excesivamente centrada en los síntomas del niño.

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